Guerra de Troya

Antecedentes

Zeus, soberano de todos los dioses del Olimpo, escucha una profecía que predice que un hijo de la ninfa Tetis será más grande que su padre. Posiblemente por esta razón, Tetis se casó con un mortal por orden de Zeus con un mortal, el rey Peleo.

Todos los dioses fueron invitados a la boda de Tetis y Peleo, excepto Éride, la diosa de la discordia. Ésta se presentó de improviso en la boda y dejó sobre la mesa una manzana de oro en la que estaba inscrita la palabra Kallisti, (para la más hermosa). La manzana fue reclamada al instante por Hera, Atenea y Afrodita. Ninguna de las tres diosas era capaz de ofrecer argumentos que la hicieran dueña de una forma indudable de la manzana, por lo que las tres diosas reclamaron que Zeus como rey del Olimpo decidiera cuál de las tres era más bella. Pero Zeus no estaba dispuesto a cometer el error de elegir entre las tres diosas, porque sabía que aquella disputa no acabaría bien, por lo que Hermes, al ver que no había entre los dioses alguien que se atreviera a decidir entre las tres, concibió la idea de que fuera en un mortal en quién recayera la responsabilidad de la decisión.

Hermes expuso ante los demás dioses que el mortal más capacitado para resolver esta decisión era Paris, un príncipe de Troya que vivía como pastor desconociendo su verdadera identida debido a una profecía que mantenía que si Paris vivía la ciudad de Troya sería devastada. Por lo que el rey Príamo tuvo que entregar a su hijo al sacerdote, el cuál se lo entregó a un guardia de palacio con la orden de matarlo. Pero éste no se atrevía y se lo entregó a un pastor que se apiadó de él y decidió criarlo como si fuera su hijo. Las tres diosas al escuchar todo esto, decidieron que fuera Paris quién tuviera la responsabilidad de elegir a la más bella de las tres.

Las tres diosas se presentaron ante Paris con la compañía de Hermes, quién fue el encargado de explicarle la situación a Paris, que decidió reunirse con las tres diosas por separado. La primera que se le apareció fue Hera, la reina del Olimpo, la cuál le reveló la verdad sobre su nacimiento y su descendencia y mle ofreció riquezas y éxitos como el príncipe de Troya que en realidad era. Después se le apareció Atenea, que le ofreció sabiduría e inteligencia para poder gobernar Troya como un rey justo. Por último, apareció Afrodita, que le ofreció el amor de la mujer más hermosa que jamás ha existido nunca en el mundo mortal, Helena de Esparta, cuya belleza puede llegarse incluso a comparase a la de los dioses. Paris, conmovido por la belleza de Helena, nombró a Afrodita la más hermosa de las tres diosas, y por lo tanto le otorgó la manzana de oro. Las otras dos diosas al enterarse de la decisión se sintieron ofendidas y le juraron odio eterno a Paris y a la ciudad de Troya.

Paris tras descubrir su verdadera identidad se marchó hacia Troya obsesionado con recuperar su posición de príncipe y conseguir el amor de Helena. Cuando Paris llegó a Troya se encontró que eran los juegos que el rey Príamo había inaugurado hace muchos años en honor al hijo que había perdido, es decir, él mismo; una vez allí, ganó a todos los juegos, venciendo incluso a sus hermanos, es decir, el resto de los hijos del rey Príamo. Cuando el rey lo recibió para felicitarle, Paris reclamo su título de príncipe de Troya y Hécuba, la mujer del rey Príamo, reconoció a su hijo por una marca de nacimiento que Paris todavía conservava en el cuello, por lo que el rey Príamo aceptó a su hijo perdido.

El rapto de Helena

Helena era hija de Leda, que estaba casada con Tíndaro rey de Esparta, fue seducida por Zeus en forma de cisne y, de esta unión nació Helena de Esparta. Helena tenían muchos pretendientes, y Tíndaro no estraba dispuesto a elegir a uno por miedo de ganarse de esta forma la enemistad de los demás. Finalmente, Odiseo que a su vez estaba enamorado de Penélope, la prima de Helena, propuso un plan. El plan era que fuera la misma Helena la que eligiera marido y, todos los demás deberían respetar la decisión.

Helena eligió como marido a Menelao, hermano de Agamenón y rey de Micenas, que a su vez estaba casado con Clitemnestra, la hermana de Helena. Tras haber hecho esta decisión, se mató a un caballo en honor a Poseidón, el rey de los mares, y con la sangre del caballo todos los pretendientes de Helena, incluido Odiseo, juraron defender la unión de Menelao y Helena con sus propias vidas.

Enviado a hacer tartos diplomáticos a Esparta, Paris pudo por fin conocer a Helena, aunque la conoció como reina de Esparta y mujer de Menelao. Con la ayuda de Afrodita, Paris pudo seducir a Helena, y ambos se fugaron un día que el rey Menelao se encontraba de viaje. Cuando Menelao se enteró de la ultranza cometida por Paris, juró la guerra a Troya y reclutó, junto con su hermano, a todos los que en el pasado hicieron el pacto de proteger la unión de los reyes espartanos.

Poco a poco todos los reyes se fueron uniendo a Agamenón y a Menelao; no obstante, no fue así en el caso de Odiseo, que estaba felizmente casado con Penélope, la prima de Helena, y que acababa de tener a su hijo Telémaco. Ante la idea una larga y costosa guerra y de estar lejos de su casa durante muchos años, Odiseo decidió pasarse por loco cuando fueran a reclutarle. Para ello, sembró sus campos con sal. Pero cuando Palamedes y Menelao fueron para reclutarlo, Palamedes fue más listo que él y puso a su hijo Telémaco delante del arado. Odiseo se incorporó, al no estar dispuesto a matar a su hijo, revelando su cordura y viéndose obligado a ir a la guerra.

Calcas, un adivino troyano, sacerdote del templo de Apolo Timbreo en Troya, auguró que nunca podría ser conquistada la ciudad de Troya sin que Aquiles participara en la batalla. Aquiles ,que era el séptimo hijo de Peleo y Tetis, su madre, sabiendo que Aquiles moriría si iba a Troya, lo disfrazó de mujer en la corte del rey Licomedes en Esciros. Allí tuvo una relación amorosa con la hija del rey, Deidamía, de la que tuvieron un hijo, Neoptólemo. Cuando Odiseo fue a buscar a Aquiles, llevó muchos regalos para todas las mujeres, y entre todos los regalos, había una armadura. Solo una de todas las mujeres pareció interesarse por la armadura, así fue como Odiseo descubrió a Aquiles y éste tuvo que ir a la guerra a combatir. Cuando Aquiles era un niño, Tetis, con la esperanza de protegerle, lo baño en el río Estigia, haciéndolo invulnerable, excepto por el talón por donde lo sujetó.

Finalmente, se reunió una flota de más de mil barcos al mando de Agamenón, la empresa más arriesgada de la Grecia clásica. Poco antes de partir, un incidente mientras estaba haciendo un homenaje a los dioses los asustó a todos, pero Calcas les explicó correctamente la interpretación de los augurios. Les explicó que según los augurios la guerra contra Troya duraría 10 duros años, pero al décimo año Troya caería ante ellos.

El comienzo de la guerra

Los primeros nueve años de la guerra no hubo grandes victorias ni tampoco grandes derrotas, todo fue bastante equilibrado para ambos ejércitos. Cuando los argivos se encontraban en Misia, una ciudad aliada de Troya, Agamenón decidió salir de caza con Palamedes, el único que se atrevió a acompañarlo. Mientras estaban cazando vieron un bello ciervo blanco. Agamenón, decidido a darle caza, y ajeno a lo que le rodeaba, fue a dar a una floresta donde por fin consiguió darle muerte al animal. Cuando salió a la luz, reparó en que había matado al ciervo en una fronda sagrada de Artemisa.

Al día siguiente zarparon hacia Ténedos, pero un vendaval azotó la flota. Las escasas embarcaciones que lograron salir a flote del vendaval, se dirigieron durante los días siguientes a Áulide, lugar del que habían partido nueve años antes. Una vez en Áulide, calcas consultó los augurios y contó a todos que la Divina Artemisa se sentía ofendida con Agamenón por haber cometido aquella ultranza dentro de su floresta. Calcas garantizó que la ira de Artemisa desaparecería si el matarife le entregaba la vida de su hija más bella.

Esa hija cuya vida reclamaba Artemisa se llamaba en realidad Ifigenia, y no tenía más de doce años. Agamenón, sabiendo que si le contaba la verdad a su mujer, ésta no lo permitiría, envió un mensajero a Micenas con la misión de ordenar llevar a Ifigenia a Áulide con el fin de que se casara con Aquiles. Cuando Clitemnestra (la mujer de Agamenón), se enteró de los verdaderos planes de éste, trató de impedírselo, pero aún así no lo consiguió.

Varias historias se han escuchado de lo sucedido en el altar de Áulide; una de ellas dice que Aquiles protegió a la niña ofendido porque hubieran usado su nombre de esa manera, otra contaba que justo cuando su padre iba a clavarle el cuchillo a la niña, la divina Artemisa cogió a la niña y se la llevó a Escitia, para que fuera la sacerdotisa de su templo.

Tras el "sacrificio" de Ifigenia, las naves argivas pudieron al fin navegar. Pero cuando Aquiles descubrió que habían utilizado su nombre como excusa en el asunto de Ifigenia, se sintió profundamente engañado y traicionado por Agamenón. Tras esto, Aquiles comenzó a ausentarse de los consejos de guerra y de esta manera, fue Palamedes el único que quedaba en los consejos defendiendo la visión de atacar Dardania. Dardania era una región de pastos cercana a Troya que, aunque estaba ligada a Troya desde tiempos inmemoriales, decidió mantenerse al margen de la guerra; Dardania estaba gobernada por Anquises que contaba con la ayuda de su hijo Eneas (primo de Paris), el cual también era hijo de la diosa Afrodita.

Palamedes decidió hablar con Aquiles para convencerlo de que lo mejor era atacar los pastos dardanos. Éste aburrido por la inacción, llamó a Patroclo (su fiel compañero y amigo desde la infancia), a Fénix (su mentor) y a su ejército de mirmidones y , asaltaron Dardania con un éxito indudable. Agamenón al enterarse, no pudo hacer menos que felicitar al insolente héroe, y permitirle quedarse con la jóven Briseida a la que Aquiles tomó cautiva.

Un día que Odiseo se marchó en busca de comida y volvió sin haber encntrado absolutamente nada, Palamedes hizo caer sobre él la acusación de que Odiseo no sabía cazar. Odiseo ofendido retó a Palamedes a que consiguiera él más comida, éste aceptó el reto y al paso de tres días llego entre ´vitores colmado de comida. Odiseo comenzó a sospechar acerca de la legalidad de Palamedes y se lo comunicó a Agamenón. Poco después de que Palamedes llegara con el cereal encontraron un espía troyano muerto con una flecha clavada en el corazón. Un rápido registro fue suficiente para encontrar una nota firmada por el rey Príamo aceptando el precio que exigía Palamedes por traicionar el campamento griego.

Cuando Palamedes oyó el cargo contra él lo negó furiosamente y se declaró víctima de una vil calumnia, por lo que Odiseo encontró una forma de obtener la verdad, un soldado de confianza de Agamenón iría al templo de Apolo Timbreo, (que era donde Palamedes había quedado), si el soldado venía cargado con bolsas llenas de dinero troyano, la acusación estaría probada. Condenado públicamente por traidor, Palamedes murió lapidado por todo el ejército.

En una incursión a un pequeño asentamiento en Tebas, Agamenón, en vista de como Aquiles tenía a Briseida como cautiva, decidió también él tomar cautiva a Criseida, la hija del sacerdote de Apolo de esa ciudad. Crises, el padre de la muchacha se personó en la puerta del campamento argivo rogando a Agamenón que le permitiera rescatar a su hija. Agamenón contestó que Criseida era cautiva de su lanza y que la había conquistado limpiamente, por lo que pidió al anciano padre de malas maneras que saliera de su campamento y que no volviera.

A los pocos días, la peste cayó sobre el campamento. Cada vez más soldados se contagiaban y morían. El oráculo Calcas dijo que la plaga solo cesaría si Agamenón devolvía a Criseida a su padre. Enojado por esto, y con Aquiles (que garantizó el cumplimiento del oráculo), Agamenón aceptó devolver a Criseida, pero a cambio tomó a la concubina de Aquiles, Briseida. Aquiles y Agamenón discutieron y Aquiles se negó a luchar. Aunque los argivos estaban destinados a ganar la guerra, Aquiles pidió a su madre Tetis que intescediera ante Zeus para asegurarse que a los argivos les fuese mal hasta que Agamenón se disculpase ante él.

Unos días después Agamenón convenció a todos que había llegado el momento de atacar Troya tras un sueño en el que se le había aparecido Zeus en forma de Néstor anunciándole que era el momento de atacar Troya. Una vez en la batalla Héctor, el hijo mayor del rey Príamo y un valiente guerrero, desafió a Menelao a un reto cara a cara con Paris, el cual Menelao aceptó. Tras un duro enfrentamiento en el que Menelao llevaba la ventaja, en un momento en el que Menelao se encontraba en el suelo, Paris salió huyendo en busca de su carro y se fugó de la pelea de una manera deshonrosa. Tras un dura día de lucha, y con las tropas troyanas un poco faltas de ánimo; Héctor, para subir la moral de sus guerreros, ofreció a los guerreros argivos otro duelo, igual que como con el que habían comenzado la batalla, el que Áyax (príncipe de Salamina e hijo de Telamón) aceptó. Tras un combate muy igualado en el que ninguno de los dos daba signos de rendirse, al caer la noche tuvieron que dejar la lucha sin haber conseguido a un claro vencedor.

El desenlace de la guerra.

Los días siguientes los troyanos, desalentados por todas las pérdidas, lloraban sin encontrar ánimo alguno. Ántenor, consejero del rey Príamo y enemigo de Paris (ya que éste mató por error a su hijo más querido), pronunció un discurso en el que declaraba a Paris culpable de todos los males que azotaban a Troya, y anunció que los problemas terminarían si entregaban a los argivos a Paris, sus riquezas, y a su mujer, Helena de Troya. Tras escuchar esto, Paris anunció que si era necesario daría su vida y sus riquezas, pero que jamás entregaría a nadie a su mujer. Príamo anunció que tras escuchar ambos discursos, había decidido que se le haría una oferta de paz a los argivos; y que se les ofrecería las riquezas que Paris y Helena sacaron de Esparta, así como parte de la fortuna personal del propio Paris. Sin embargo, todos los troyanos sabían que los argivos no se contentarían con esta oferta y, tal como se temían, así fue.

Durante las siguientes batallas, los troyanos recuperaron posiciones, e incluso estuvieron a punto de lanzar a los argivos al mar. Agamenón y todos los demás, al ver la situación tan dura en la que se encontraban, decidieron que lo mejor era convencer a Aquiles para que volviera al campo de batalla. Por esta razón, Odiseo y Áyax acudieron en busca de Aquiles, que se encontraba en compañía de Patroclo y de Fénix, a convencerle de que volviera a la lucha; pero éste, muy ofendido por Agamenón, se negó a volver para luchar en su causa.

Al día siguiente, la batalla seguía empeorando para los argivos. Agamenón fue herido de un brazo y, Odiseo y Diómedes también fueron heridos. Tres de los líderes argivos quedaron así incapacitados para la lucha de aquel día. Patroclo al ver la situación en la que se encontraban sus compañeros argivos, intentó convencer a Aquiles para volver a la batalla. Éste se nego, por lo que Patroclo decidió ir solo, pero Aquiles le dejó que llevase su armadura y que liderase sus tropas en la batalla. Patroclo luchó encarnizadamente durante todo el día, hasta que Héctor le dio muerte y se quedó con la armadura de Aquiles.

Aquiles, enterado de esto, juró venganza y, lleno de rabia, salió al campo de batalla. Fue dando muerte a cuántos troyanos encontró, hasta que divisó a Héctor, al que dio muerte y atando su cuerpo sin vida al carro, rodeó Troya tres veces. Aquiles, que se negaba a entregar el cuerpo de Héctor a los troyanos, cambió de parecer cuando el rey Príamo se presentó personalmente en la puerta del campamento argivo dispuesto a hablar con Aquiles. El anciano rey Príamo le suplicó a Aquiles que les devolviese el cuerpo; Aquiles finalmente se ablandó y declaró una tregua de doce días mientras durasen los funerales para honrar al héroe troyano Héctor.

Aquiles se quedó obsesionado por Políxena, una de las hijas del rey Príamo, a quien Aquiles se encontró en el templo de Apolo Timbreo. Un día, Aquiles le pidió al sacerdote del templo que le implorase de su parte a Políxena volver a reunirse con él en el templo. Al día siguiente ambos se encontraron y, cuando Aquiles iba a salir del templo, una flecha se le clavó en el talón derecho. Odiseo y Áyax que se habían al templo de Apolo Timbreo a espiar a Aquiles por si los estaba traicionando, corrieron en su ayuda. Áyax corrió detrás de los atacantes, aunque no pudo alcanzarlos. Los atacantes que eran dos de los hijos de Príamo que quedaban con vida, Paris y Deífobo, se enteraron de los planes de su hermana Políxena de reunirse con Aquiles y decidieron darle muerte. Odiseo y Áyax comprobaron horrorizados como la flecha lanzada por Paris estaba envenenada y Aquiles murió.

Odiseo y Áyax lucharon por conseguir la armadura de Aquiles, la cual al final consiguió Odiseo. Áyax encolerizado, juró matar a sus compañeros; comenzó a matar ganado (pensando que eran soldados griegos), y posteriormente, ya en un estado avanzado de locura, se suicidó.

Agamenón, aterrorizado ante las recientes y lloradas pérdidas de Aquiles y Áyax, pidió a Calcas que consultase los augurios. Calcas relató a todos que Apolo estaba iracundo con Paris por haber profanado así un templo para su culto. Pero también les anunció que eran necesarias dos cosas para que Troya cayera: primero, un nuevo guerrero que diriga a los mirmidones, por lo que era necesario ir a Esciros en busca de Neóptolemo, el hijo que Deidamía dio a Aquiles. Además, era necesario que el gran arco de Heracles interviniera en la guerra

El arco era propiedad de Filoctetes que se encontraba en Lemnos curándose de su herida.El médico de Agamenón consiguió curar la pierna de Filoctetes y, éste, en agradecimiento, prometió utilizar el arco de Heracles en cuanto estuviese completamente recuperado. Filoctetes retó a Paris a un duelo con el arco, éste no tuvo otro remedio que aceptar el duelo. Paris salió muy mal parado de él, y tan solo veinte minutos después de haber comenzado el duelo ya se encontraba agonizando. Horas después murió solo en su cama


Agamenón decidió que la suerte les favorecía, los argivos volvieron a saltar al campo de batalla, y los dos ejércitos se enfrentaron sin más resultado que un sangriento punto muerto.Una tarde, tras una refriega con una pequeña banda de dardanios que se rindió con sorprendente rapidez, su jefe, que dijo ser pariente de Eneas, se acercó a Odiseo. Les llevaba un mensaje de Ántenor para abrir canales de comunicación secretos, precisando la hora en que Ántenor se encontraría en el templo de Apolo en Timbra.

Acompañado de su sobrino Sinón, Odiseo fue al santuario donde habían asesinado a Aquiles. Allí estaba esperándolo Ántenor, que le comunicó que el rey Príamo era un anciano tan roto por las muertes de sus hijos que no era capaz de seguir llevando los asuntos de gobierno, que ahora los mantenía su hijo Deífobo. También le contó que Helena ahora vivía con Deífobo, a quien se había entregado, y que éste se negaba a renunciarla. Además, Odiseo y Ántenor hablaron de un posible armisticio y estuvieron resolviendo algunas cuestiones. De vuelta al campamento argivo, Odiseo convocó a todos los líderes y les comentó la posibilidad de llegar a un armisticio, pero Menelao se negó y dijo que él no pararía hasta ver Troya reducida en cenizas. Por lo que Agamenón no pudo más que afirmar que si su hermano lo decía, la guerra seguiría.

Aquella noche Odiseo se despertó de un sangriento sueño en el que los sanguinolentos trozos del caballo que sacrificaron en Esparta resurgían y se unían de nuevo. El caballo volvía a ensamblarse, y uno por uno, obligaban a los jefes argivos a meterse en su panza, encerrándolos a todos en una espeluznante caverna de sangre.

Cuando Odiseo se levantó completamente y salió de su tienda, se encontró con Menelao que le presentó a Prilis, un herrero que les aportó la idea de construir un caballo de madera, hueco por dentro, en el que esconderse y después, cuando estuviera dentro de las murallas troyanas, atacar la ciudad. Odiseo, bastante reacio al principio, debido a algunos inconvenientes como era subir la empinada rampa que llevaba a las puertas de la muralla.

Pero esa misma noche Odiseo volvió a tener otro sueño. En él, la diosa Atenea se le aparecía totalmente armada y con su yelmo, su Aegis sobre la armadura y un báculo dorado en la mano. Observó decepción y reproche en sus ojos grises, que lo escrutaban. Tras ella y fuera de su alcance, vio a los asustados rehénes de la diosa: Penélope y Telémaco, su hijo. En el sueño, la diosa le además de todo esto también le dijo: -Ofreciste un caballo a Poseidón, Odiseo. ¿Por qué no me ofreces uno a mí?. Odiseo se despertó del susto y tumbado en la cama estuvo meditando sobre el sueño.

Odiseo reunió a todos al día siguiente, y los hizo partícipes del nuevo plan que había estado ideando durante toda la noche. Este plan consistía en construir un enorme caballo de madera que ofrecerían a Atenea. Este caballo estaría hueco por dentro, y en él se meterían algunos argivos ocultos, esperando así a que los troyanos metan dentro de las murallas el caballo, y después de eso poder atacar cogiendo a la ciudad de sorpresa.

Algunas semanas más tarde Deífobo fue despertado por sus dos últimos hermanos con vida, que venían a contarle que los exploradores troyanos habían observado como el campamento argivo habían abandonado sus posiciones, habían vuelto a sus naves y se habían marchado.

Sus hermanos también contaron a Deífobo como los argivos habían dejado en la playa un gran caballo de madera. Cuando Deífobo salió de las murallas a comprobar él mismo lo que le habían dicho sus hermanos, se encontró con todo el antiguo campamento argivo abandonado y repleto de tiendas quemadas.Cuando se puso a examinar al caballo, se encontró con una inscripción tallada en un flanco con la siguiente dedicatoria: "A la divina Atenea, para que nos dispense una buena travesía de vuelta".

Deífobo orgulloso de poder contemplar con sus propios ojos la derrota de los argivos, ordenó a los troyanos que metieran el caballo dentro de las murallas, como símbolo de su victoria sobre los griegos. Los hermanos de Deífobo, Capis y Timetes, seguían mostrándose reacios a meter el caballo en la ciudad. Cuando Deífobo empezó a dudar acerca de se era lo más sensato meter al caballo dentro, encontró a un grupo de dardanios y al sacerdote del templo de Apolo Laocoonte que llevaban a un prisionero a empujones por el camino.

Al preguntarle al prisionero que quién era, éste contestó que se llamaba Sinón, que era de Ítaca y que se había escapado del campamento argivo la noche anterior porque lo iban a ofrecer como sacrificio a los Vientos. Sinón contó a los troyanos que el caballo había sido idea de Calcas, que les había comentado a los argivos que Atenea les había dado la espalda al morir Aquiles, ya que éste era su favorito. Sinón hizo creer a los troyanos que el caballo había sido erigido de tan gran tamaño para que éstos no pudieran meterlo en la ciudad.

Laocoonte respondió dando signos de incredulidad y manteniendo que todo aquello parecía una treta. Casandra, que lo había escuchado todo, lo respaldó, (Casandra era una de las hijas del rey Priamo, que estaba condenada por Apolo a que nadie creyera en sus profecías).


Como era costumbre, volvieron a desconfíar de Casandra y Deífobo también desconfió de Laocoonte sabiendo que éste no lo tenía en alta estima desde que Paris y él mataran a Aquiles en la entrada de su templo. Eneas, su padre Anquises y Ántenor se manifestaron de lado de Laocconte y Casandra, pero nada de esto sirvió porque Deífobo se empeñó aún más en meter al caballo dentro de las murallas. Entonces Eneas declaró que no pensaba quedarse a celebrar una guerra que tanto les había hecho perder a todos por lo que manifestó su deseo de marcharse a los pastos dardanios.

Mientras tanto, los argivos que se encontraban dentro del caballo se estaban enterando de todo lo que ocurría fuera y ya estaban celebrando aquel truco que les llevaría a la gloria. Los argivos tuvieron que esperar hasta bien entrada la noche, cuando ya habían terminado todas las celebraciones, para que Ántenor les anunciara que la ciudad ya estaba en calma y por lo tanto ya podían salir.

Cuando todos hubieron bajado del caballo, Ántenor y Odiseo se estrecharon la mano, y éste le recomendó que se quedase en casa con su familia, porque mañana a esa horas se convertiría en el nuevo rey de Troya. A los pocos minutos, la puerta de la ciudad se abrió ante la avalancha de las huestes argivas desembarcadas.

Nada más entrar los argivos a Troya, comenzó el expolio de la ciudad. El fantasma de Aquiles se apareció a los supervivientes de la guerra, pidiendo que Políxena, la princesa troyana, fuese sacrificada antes que ninguno pudiese partir. Neoptólemo realizó el sacrificio.

Menelao dio muerte a Deífobo y regresó a Esparta con Helena. Neoptólemo mató al rey Príamo y Hécuba (la mujer del rey Príamo) y el resto de sus hijas fueron tomadas todas como esclavas de guerra. Casandra fue tomada como esclava personal de Agamenón.

Tras la guerra, el barco de Idomeneo fue alcanzado por una terrible tormenta. Idomeneo prometió a Poseidón que sacrificaría el primer ser viviente que viese cuando volviese a casa si salvaba su barco y su tripulación. El primer ser vivo al que vio fue su hijo, así que lo sacrificó. Los dioses estaban enfadados con el asesinato de su hijo y lo enviaron al exilio a Calabria en Italia. Aunque según otra versión, sus propios súbditos en Creta lo enviaron al exilio porque llevó consigo una plaga desde Troya. Huyó a Calabria, y posteriormente a Colofón, en Asia Menor, donde murió. En otra versión, la plaga azota Creta como castigo por el acto de Idomeneo.

Agamenón regresó a su hogar en Micenas. Su esposa Clitemnestra tuvo una relación con Egisto, hijo de Tiestes, primo de Agamenón. Posiblemente como venganza por la muerte de Ifigenia, Clitemnestra se conjuró con su amante para matar a Agamenón. Casandra pronosticó este asesinato y avisó a Agamenón, pero él la ignoró. Fue asesinado en un banquete. Casandra también fue asesinada. El hijo de Agamenón, Orestes, que había estado lejos, regresó y conspiró con su hermana Electra para vengar a su padre. Mataron a Clitemnestra y a Egisto. Orestes se casó con Hermíone (hija de Helena y Menelao) y retomó Micenas, convirtiéndose en rey de todo el Peloponeso.

Neoptólemo tomó a Andrómaca, que era la mujer de Héctor, y se casó con ella. Se enemistó con Orestes porque Menelao le había prometido a su hija Hermíone a él, pero luego quiso que se casase con Neoptólemo. Lucharon, y Neoptólemo murió.
 
La reina Hécuba de Troya fue esclavizada por los aqueos. Fue parte del botín otorgado a Odiseo. Eneas lideró un grupo de supervivientes lejos de la ciudad, incluyendo a su hijo Ascanio, su trompeta Miseno, su padre Anquises y al médico Yápige. Su mujer Creúsa desapareció durante el saqueo de la ciudad. Huyeron de Troya en varios barcos, buscando establecerse en un nuevo hogar. Arribaron a varios países cercanos que no se mostraron hospitalarios, finalmente les fue profetizado que debían volver a la tierra de sus antepasados. Primero lo intentaron en Creta, que Dárdano había colonizado, pero lo encontraron arrasado por la misma plaga que había expulsado a Idomeneo. Tras siete años llegaron a Cartago, donde Eneas tuvo un romance con Dido. Finalmente los dioses les ordenaron continuar (Dido se suicidó), y llegaron a Italia.

Allí una profetisa le llevó al inframundo y predijo la grandeza de Roma, que sería fundada por su gente. Negoció un asentamiento con el rey local Latino, y se casó con su hija Lavinia.Esto desencadenó una guerra con otras tribus locales, pero finalmente se fundó el asentamiento de Alba Longa, regido por Eneas y el hijo de Lavinia, Silvio. Trescientos años después, según el mito romano, sus descendientes Rómulo y Remo fundaron Roma.